El presidente Trump llega a Pekin
Pekin. – El presidente Donald Trump llegó el miércoles por la noche a Pekín, donde fue recibido por una banda militar, una guardia de honor, cientos de jóvenes chinos que ondeaban banderas y el vicepresidente de China, Han Zheng.
Estas recepciones cuidadosamente diseñadas para los líderes extranjeros telegrafían la actitud de Pekín hacia las visitas. A veces, Pekín envía a un funcionario de bajo nivel para transmitir desagrado o distancia. A veces envía a alguien de alto rango e influyente para señalar un alto grado de respeto.
Esta vez, enviaron a alguien de alto nivel, pero cuya posición es principalmente la de una figura decorativa, lo que podría ser una forma de enviar un mensaje estratificado.
“Pekín envió a Han Zheng a la toma de posesión de Trump y sabe que su título de vicepresidente, aunque sea un cargo ceremonial, impresionará al presidente estadounidense, consciente de su estatus”, dijo Julian Gewirtz, historiador de China en la Universidad de Columbia, quien desempeñó altos cargos en política china en el Consejo de Seguridad Nacional bajo la presidencia de Joe Biden.
“Es un ejemplo de cómo, a lo largo de esta cumbre, China espera cambiar el simbolismo por la sustancia, utilizar el protocolo y la preferencia de Trump por el boato para evitar un retorno a la escalada económica y ganar tiempo para China”, dijo.
En su papel de vicepresidente, Han suele ser enviado a actos diplomáticos formales, como la ceremonia de coronación en el Reino Unido del rey Carlos III o la segunda toma de posesión de Trump como presidente. Pero Han, quien abandonó la élite del Comité Permanente del Politburó, la cúspide del poder en el gobernante Partido Comunista de China, tiene ahora poca influencia en la formulación de políticas.
La elección de Han también podría indicar cómo afronta China la visita del dirigente del país más poderoso del mundo, quien ahora se enfrenta a un Pekín más desafiante y asertivo. Sugeriría que Trump podría ser agasajado con los honores de una visita de Estado formal, pero no recibir un trato especial más allá del que recibiría otra potencia del mundo.
“En la diplomacia china, el protocolo es sustancia, especialmente durante una visita de Estado”, dijo Evan Medeiros, profesor de estudios asiáticos en la Universidad de Georgetown, quien fue asesor para Asia del presidente Barack Obama. “La ceremonia de llegada es el primer umbral en el juego del protocolo; es la forma en que China da señales de respeto”.
Según algunos analistas, la presencia de Han supone una ligera rebaja respecto a la bienvenida que recibió Trump en 2017. Durante aquella visita de Estado, Trump fue recibido por Yang Jiechi, el principal diplomático chino y miembro del Politburó, el segundo órgano más poderoso del partido. En aquel momento, Xinhua, la agencia oficial de noticias china, describió la presencia de semejante “peso pesado” como una señal de “la importancia que China concede a la reunión” entre ambos líderes.
“Si enviaron a alguien que es miembro del Politburó, significa que realmente piensan que esto es muy importante y que tú eres nuestro invitado más importante”, dijo Wei-Feng Tzeng, investigador asociado de la Universidad Nacional Chengchi de Taipéi que ha investigado el protocolo diplomático chino.
Aun así, los presidentes estadounidenses han disfrutado recientemente de recibimientos en el aeropuerto de mayor nivel que los líderes de otros países considerados más próximos a Pekín. Durante una visita de Estado en 2024, el presidente ruso Vladimir Putin fue recibido por el consejero de Estado Shen Yiqin, cuyo cargo es inferior al de Han.
China ya ha realizado antes estos sutiles cambios en la recepción. En 2014, el presidente Obama visitó Pekín en el marco de su “pivote” hacia Asia, que consistía en reforzar las alianzas en la región para frenar a una China más asertiva. Fue tratado con un protocolo más estándar de un funcionario de nivel ministerial: el jefe del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi.
Compárese con 2009, cuando Obama se convirtió en el primer presidente estadounidense en visitar China durante su primer año de mandato. Fue recibido por el propio Xi Jinping, quien también era vicepresidente, pero miembro del Comité Permanente del Politburó. En aquel momento, ya se le veía como el probable sucesor de Hu Jintao al frente de China.
La influencia de China sobre Irán
China trata de intervenir discretamente como pacificadora, ahora que el conflicto en Irán está en su tercer mes. Pekín se ha unido a Pakistán como mediador en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Las autoridades de Pekín e Islamabad presentaron en marzo un plan de cinco puntos con el objetivo de lograr un alto el fuego y reabrir el estrecho de Ormuz.
Y tras bastidores, las autoridades chinas empujan con delicadeza a sus homólogos iraníes hacia la mesa de negociaciones.
A pesar de su constante demostración de fuerza, no cabe duda de que China está ansiosa de poner fin a esta guerra.
La economía del país ya lidia con un crecimiento más lento y un mayor desempleo.
El aumento de los precios del petróleo elevó el costo de los artículos fabricados con productos petroquímicos, desde textiles hasta plásticos.
Para algunos productores de China, los costos han subido un 20%.
China tiene unas reservas de petróleo envidiables y su liderazgo en el sector de las energías renovables y los autos eléctricos la ha protegido de los peores efectos de la crisis energética.
Pero la guerra perjudica a una economía china estancada, que depende en gran medida de las exportaciones.
No obstante, si China se decide a intervenir y ayudar a Estados Unidos, querrá algo a cambio.
La visita del ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, a Pekín la semana pasada parecía diseñada para mostrar el tipo de dominio e influencia que China tiene en Medio Oriente.
Estados Unidos observaba de cerca.
«Espero que los chinos le digan [a Araghchi] lo que necesita oír», dijo el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio. «Y esto es que lo que Irán está haciendo en el estrecho los aísla a nivel mundial, que son ‘los malos’ en esto».
Estados Unidos también ha intentado convencer a China de que no bloquee una nueva resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para condenar los ataques de Irán contra los barcos que intentan cruzar Ormuz, después de que Pekín y Rusia vetaran una propuesta anterior.
«Creo que si queremos que Irán vuelva a la mesa de negociaciones de manera duradera, Estados Unidos reconoce que China va a desempeñar algún papel», señala Ali Wyne, asesor principal de investigación y promoción de las relaciones entre Estados Unidos y China en el International Crisis Group.
A Trump, por su parte, no parece importarle la estrecha relación de China con Teherán.
Si bien Estados Unidos sancionó recientemente a una refinería con sede en China por transportar petróleo iraní, la semana pasada el presidente restó importancia al apoyo chino a Irán durante el conflicto.
«Es lo que es, ¿verdad?», le dijo a un periodista estadounidense. «Nosotros también hacemos cosas en contra de ellos».

Conversaciones comerciales fundamentales
Durante gran parte de 2025, Estados Unidos y China parecieron estar al borde de una nueva guerra comercial, que podría sacudir los cimientos de la economía mundial.
Trump aumentó y redujo en repetidas ocasiones los aranceles al principal socio comercial de Estados Unidos, llegando en ocasiones a tasas superiores al 100%.
En respuesta, China restringió las exportaciones de minerales de tierras raras a Estados Unidos y su compra de productos agrícolas estadounidenses, lo que afectó a los agricultores de los principales estados que votaron por Trump.
La tensión bajó considerablemente desde que Trump y Xi se reunieron cara a cara en Corea del Sur en octubre pasado.
El fallo de febrero de la Corte Suprema de EE.UU. que restringe el poder unilateral del presidente para imponer aranceles también ayudó a aplacar los instintos comerciales más volubles de Trump.
Sin embargo, Trump y Xi todavía tendrán mucho de qué hablar durante su cumbre en Pekín.
El líder de EE.UU. presionará para aumentar las compras chinas de productos agrícolas estadounidenses.
No cabe duda de que China presionará a Estados Unidos para que abandone una investigación comercial recientemente anunciada sobre prácticas de negocio desleales, que daría a Trump la posibilidad de volver a imponer aranceles más altos a los productos chinos.
Esto será difícil para la parte estadounidense.
«Podría resultar difícil para Estados Unidos abandonar las investigaciones sobre todas las prácticas comerciales desleales de China, dado lo generalizadas y distorsionadoras que siguen siendo», explica Michael O’Hanlan, titular de la cátedra Phil Knight de Defensa y Estrategia del Brookings Institute, un centro de estudios con sede en Washington.
La administración Trump también está invitando a los directores ejecutivos de Nvidia, Apple, Exxon, Boeing y otras grandes empresas a que lo acompañen en esta visita, según Reuters.
Si bien China ya no depende tanto de Estados Unidos para comerciar como lo hacía durante el primer mandato de Trump como presidente, Xi querrá que esta reunión vaya bien, ya que China necesita estabilidad en la economía mundial.
Ahora es el principal socio comercial de más de 120 países, pero Xi sabrá que no puede mostrarse demasiado confiado durante la visita de Trump.
«Mientras la visita se desarrolle sin contratiempos y Trump concluya que fue tratado con respeto, la inquietante calma que reina en la relación bilateral perdurará», dice Ryan Hass, director del Centro de China John L. Thornton del Brookings Institute
«Si, por el contrario, Trump se marcha sintiéndose irrespetado o menospreciado, entonces podría cambiar de opinión».
Fuente: BBC/ EFE
