Ligia Bonetti presidenta ejecutiva de Grupo SID
Santo Domingo. – La empresaria Ligia Bonetti, presidenta ejecutiva de Grupo SID, afirmó que una parte importante del crecimiento económico de la República Dominicana no ha sido resultado de una estrategia deliberada de desarrollo, sino de otros factores.
Entre esos factores citó la geografía, las circunstancias y decisiones externas, una realidad que, a su juicio, el país no puede seguir replicando si aspira a capitalizar el fenómeno del nearshoring. En su participación en el almuerzo mensual de la Cámara Americana de Comercio de República Dominicana (Amchamdr), encabezado por su presidenta Francesca Rainieri, Bonetti planteó una reflexión que marcó el tono de su intervención: el país exhibe indicadores de éxito, como son el liderazgo regional en crecimiento del PIB y fuerte flujo turístico, pero carece de una narrativa clara sobre la estrategia que lo hizo posible.
“Si les pidiéramos a los líderes empresariales que señalaran el plan que produjo ese crecimiento, la mayoría tendría que hacer una pausa”, expresó, al sostener que el país ha avanzado, en parte, por condiciones favorables y decisiones puntuales, pero no necesariamente por una planificación integral sostenida en el tiempo. Esa falta de dirección estratégica, explicó, se vuelve crítica en el contexto actual, donde la oportunidad del nearshoring (relocalización de cadenas de suministro hacia destinos más cercanos a EE.UU.) no depende de ventajas naturales, sino de la capacidad de respuesta de los países.
Bonetti situó el punto de inflexión en los cambios recientes del comercio global, particularmente tras medidas arancelarias adoptadas por Estados Unidos en 2025, que alteraron las cadenas de suministro internacionales. En ese nuevo escenario, indicó, la República Dominicana ha comenzado a figurar como destino potencial para inversiones manufactureras, impulsada por su cercanía geográfica y condiciones logísticas.
Citó el caso de la empresa World Emblem, que trasladó parte de su producción desde México hacia territorio dominicano tras el aumento de aranceles, como evidencia concreta de que el país está siendo considerado en decisiones corporativas globales. Advirtió que la oportunidad no está garantizada. “Si esta oportunidad pasa de largo, no será porque el mundo no nos miró, sino porque no estuvimos listos”, afirmó.
Cuestionó la capacidad del Estado para articular una propuesta convincente a inversionistas internacionales. Planteó un escenario hipotético: si un director financiero de una empresa estadounidense preguntara por qué instalarse en República Dominicana, la respuesta institucional no sería sólida. Vinculó esa debilidad a un modelo económico basado en incentivos que, aunque exitosos en ramos como turismo y zonas francas, no ha sido replicado con igual intensidad para la manufactura local.
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