Antonia, Malaika y Vincent han vivido de manera directa un huracán, una erupción volcánica o una inundación en los últimos años.
Estas conmociones, que afectan a los medios de subsistencia, paralizaron sus negocios, suspendieron sus ingresos y alteraron la estabilidad que tenían.
Sus historias son el reflejo de que el empleo está en la primera línea frente a la volatilidad climática en el Caribe.
Los sectores que impulsan el mercado laboral —el turismo, la agroindustria, la energía y la pesca— extraen su valor directamente de los recursos naturales: arrecifes saludables, suelos fértiles, lluvias predecibles y aguas costeras productivas.
Durante 183 días al año, de junio a noviembre, los motores del empleo regional enfrentan los riesgos causados por la temporada de huracanes en el Atlántico.
En una sola tarde puede desaparecer una década de avances en el empleo.
El desafío no se limita a un calendario. Las conmociones impredecibles —como la erupción del volcán La Soufrière en 2021 o el terremoto de magnitud 7,2 que sacudió a Haití— pueden eliminar la estabilidad de la noche a la mañana. Cuando la infraestructura crítica y los sectores clave resultan dañados, miles de personas quedan sin una vía clara para volver a recibir un salario.
Los fenómenos extremos generan grandes pérdidas económicas y aumentos persistentes de la deuda, y obligan con frecuencia a los Gobiernos con mecanismos de amortiguación fiscal limitados a priorizar las reparaciones de emergencia por sobre el desarrollo a largo plazo, que incluye la protección del empleo. El Grupo Banco Mundial (GBM) ha estado invirtiendo en la preparación y resiliencia del Caribe para promover un desarrollo inteligente, que sea fiscalmente sólido, resistente y duradero.
A través de su «Conjunto de herramientas para la preparación y respuesta ante las crisis», han desembolsado más de US$235 millones para 11 países del Caribe, lo que ha permitido acelerar la respuesta, proteger los avances en el desarrollo y reconstruir con mayor solidez. La nueva Estrategia para los Estados Pequeños del Grupo del Banco Mundial seguirá ayudando a los países caribeños a abordar los desafíos únicos que enfrentan debido a su alta exposición a las conmociones climáticas. El impacto de estos esfuerzos se refleja en la vida de los trabajadores que regresaron a sus puestos de trabajo cuando las nubes, las cenizas y las aguas de las inundaciones se disiparon.
En los últimos años, el Grupo del Banco Mundial ha desembolsado más de
US$235 mill. para 11 países del Caribe,con el fin de facilitar una respuesta más rápida a las crisis y protege los avances en el desarrollo.
El costo de los desastres
Dominica
El huracán María causó daños en Dominica por valor de US$931 millones, más del doble del PIB del país. La tormenta no solo arrancó los techos; también amenazó con hacer desaparecer para siempre los sectores que sostienen a la isla.
Para Antonia Anthony-Joseph, lo que estaba en juego era profundamente personal. Tras perder su empleo, destinó los ahorros de toda su vida a la cría de abejas.
Días antes de su primera cosecha comercial de miel, el huracán María destruyó todas las colmenas que tenía. Un proyecto del Banco Mundial le proporcionó 30 cajas de colmenas y 300 marcos para empezar de nuevo.
El proyecto distribuyó semillas, sistemas de riego y equipos ganaderos a más de 3.700 agricultores de toda Dominica, restauró 4.500 hectáreas de tierras de cultivo y construyó nuevos refugios para proteger a los animales frente a las futuras tormentas.
En la actualidad, Antonia vende miel y cera a supermercados locales.
«Cuando inviertes tu tiempo y energía… y luego un huracán se lo lleva todo, es absolutamente desgarrador».
Antonia Anthony-Joseph
El pescador de Dominica Irvin Roudette perdió toda una vida de trabajo en cuestión de horas.
Hoy, Irvin está de vuelta en el mar.
Un proyecto del Banco Mundial reemplazó lo que la tormenta se llevó: el motor de su bote, sus equipos de pesca y sus medios de subsistencia desaparecieron tras el paso del huracán María.
La iniciativa lo ayudó a reconstruir lo que la tormenta le arrebató.
Las adversidades llegaron en oleadas a San Vicente y las Granadinas.
La erupción del volcán La Soufrière en 2021 obligó a miles de personas a evacuar y, unos años después, en 2024, el huracán Beryl arrasó con gran parte de los avances logrados.
Sin embargo, la respuesta fue rápida.
A los tres meses del paso del huracán, se puso en marcha un proyecto de recuperación (en inglés), que proporcionó empleo temporal a más de 5.500 personas para que limpiaran los escombros y restauraran los espacios públicos, y así pudieron obtener su primer ingreso después de la tormenta.
Malaika Watt acababa de reabastecer su almacén, Lika’s Outlet, en Union Island cuando azotó el huracán Beryl.
De la noche a la mañana, todo lo que había invertido desapareció.
«Fue horrible y aterrador. Me di cuenta de que no era la única en esa situación. Me desestabilizó mental y financieramente».
Los emprendedores también recibieron ayuda específica. Las subvenciones para la recuperación de las pequeñas empresas permitieron a comerciantes como Malaika Watt reabastecer y reconstruir su negocio después de perderlo todo al poco tiempo de la apertura de su almacén.
«Hay esperanza», dijo Malaika. «Pero depende de ti. Te levantas y sigues adelante».
Más al norte, en Haití, los reiterados desastres agravaron las condiciones de por sí ya difíciles. El huracán Matthew y el terremoto de 2021 dejaron los campos enterrados, los canales de riego destruidos y los cultivos marchitos por la falta de agua.
Como explicó Michel Soy de la Asociación de Pequeños Agricultores de Dory:
«Dado que el agua es esencial para el cultivo, estos acontecimientos han hecho casi imposible que los agricultores obtengan ingresos estables».
La agricultura es la manera en que las familias sobreviven, educan a sus hijos y permanecen arraigadas.
«Cuando la tierra sufre, la gente sufre».
Michel Soy
Con apoyo del Banco Mundial, se repararon los canales dañados y se distribuyeron semillas resilientes frente al clima (en inglés) entre la comunidad. Esto ayudó a que el agua fluyera de nuevo hacia los campos de Michel y que la asociación recibiera los materiales que necesitaba para volver a sembrar.
Proteger los ingresos requiere una infraestructura que permita a las comunidades seguir funcionando durante las crisis Jamaica, Barbados, San Martín, Guyana
Los proyectos del Banco Mundial están reforzando las carreteras, los puentes y los sistemas —desde el transporte hasta el drenaje— para garantizar que la fuerza laboral en el Caribe siga movilizándose y la economía continúe funcionando cuando llega una tormenta.
El desafío
La zona del puente Myton Gully se desborda con las lluvias torrenciales, convirtiendo el camino en un torrente de agua y dejando a la comunidad sin acceso durante horas. El obrero de la construcción Vincent Myrie perdía con frecuencia su salario porque no podía llegar a su lugar de trabajo. Para las familias locales, las inundaciones eran aún peores. Kaya Brian recuerda que la casa de su hermana, situada en una zona más baja, solía inundarse: “perdían refrigeradores, muebles, y todo lo que estuviera afuera era arrastrado por el agua”.
DESPUÉS
La intervención
A través del Proyecto de Reducción de la Vulnerabilidad ante Desastres Naturales de Jamaica se elevaron la altura de la carretera y el puente, y se ampliaron las alcantarillas de drenaje. Durante el huracán Melissa, estas mejoras mantuvieron la carretera seca y la canaleta bajo control. Vincent llegó a su lugar de trabajo sin retraso, y las casas cercanas se mantuvieron a salvo de las inundaciones.
El huracán Beryl destruyó el 90% de la flota pesquera de la isla y afectó la infraestructura marina de la que dependen cientos de familias. Para los buceadores de obras como Anthony Hackett, el daño fue personal: su hermano perdió su embarcación durante la tormenta, lo que arruinó sus medios de subsistencia.
DESPUÉS
En Barbados, con el respaldo del Proyecto de Respuesta y Recuperación de Emergencia ante el Huracán Beryl, el Gobierno está reconstruyendo el rompeolas con enormes rocas para eliminar la energía de las marejadas ciclónicas. Esta barrera protege la infraestructura y la flota pesqueras, garantizando que pescadores como el hermano de Anthony tengan un lugar seguro donde atracar sus embarcaciones y proteger sus ingresos en las temporadas venideras.
